20 junio 2014

De paseo por Ávila

El miércoles, aprovechando el día libre que tuve, acabé dando un paseo por Ávila y de paso haciendo un poco de urbansketching (o más bien dibujando un poco y de paso dando una vuelta por Ávila).

La mañana empezó tomando un café y un cruasán en una terracita en Madrid (esos pequeños placeres que están condenados en el día a día).
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Tras ir a ver a mi hijo en el día de puertas abiertas organizada por la piscina a la que va para celebrar el fin de curso, cogí el coche y carretera y manta. Tras un breve paso por El Escorial, a subir la Cruz Verde
(estas vistas son realmente chulas anocheciendo con el Monasterio iluminado) y continuar carretera hasta Ávila.

Ya allí a elegir qué dibujar. Como dejé el coche en el aparcamiento que está debajo de la plaza de Santa Teresa, pues qué mejor que intentar dibujar la Iglesia de San Pedro.
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Como los bancos con algo de sombra estaban todos cogidos, me tocó bregar al sol, así que nada, el proceso habitual: pintar los bloques principales con portaminas, un poco los detalles también a lápiz y empezar a contornear con el rotulador 0,2.
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Como normalmente me pierdo en los detalles, lo que provoca que los dibujos parezcan una mezcla de dibujo de niño pequeño y del barroco de lo sobrecargado, esta vez intenté no caer en la tentación de detallar todo en exceso. Una vez medio satisfecho (o en el punto de no tener arreglo si no se empieza un dibujo nuevo), me puse a darle color con la acuarela. Pero esta vez a la sombra.

Una vez que ya lo acabé, y tras sentirme bastante viejo y carca debido a las conversaciones que estaban teniendo las quinceañeras (si llegaban) que tenía por los alrededores, me dispuse a dibujar otra cosa. Tenía intención de que fuera la muralla, pero no sabía dónde, así que tras dar un pequeño paseo, llegué hasta la puerta de San Vicente. Allí de nuevo al sol, pero esta vez variando por las necesidades, la manera de dibujar: en el camino perdí el portaminas, así que no había lapicero con el que hacer el primer boceto que luego puedo borrar para ocultar las líneas de apoyo con lo que me tocó tirar de rotulador todo el tiempo. Eso me hizo pensar aún más el dibujo (aunque con la ayuda de utilizar un rotulador de 0,05 mm.) y a pesar de ello, los errores se produjeron y esta vez no se han podido borrar. Pero qué queréis que os diga, tampoco se nota tanto y le da ese toque de "instantaneidad" al dibujo (que es lo que tiene pintar ahí, al sol de manera rápida).
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Esta vez la acuarela la dejé para casa, que el hambre ya iba haciendo mella, así que me encaminé a dejar cuadernos, rotuladores y acuarelas al coche y acabé comiendo unos callos que no tenían desperdicio.

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